La Mayordomía de los Bienes Materiales y el Financiamiento de la Causa de Dios

Por Tevni Grajales G

La mayordomía de los bienes materiales

La mayordomía, entendida como la responsabilidad ante Dios del uso sabio de la vida por parte del ser humano, incluye la administración sabia de los bienes materiales o la riqueza, lo cual tiene lugar por medio del uso de las habilidades, destrezas, oportunidades y tiempo que Dios da a la persona.

Respecto a la riqueza, independientemente de quién la administre, ésta pertenece a Dios. Y como fue antes del origen del gran conflicto lo será una vez concluido el gran conflicto universal. Al respecto la Biblia dice:

"Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza" Apocalipsis 5:11,12. Así ha sido siempre y será por siempre, nunca debió cuestionarse esta gran verdad. Pero la historia bíblica nos dice que la centralidad de Dios fue cuestionada por un "querubín grande protector" (Ezequiel 28: 12-19) quien aspiró a ostentar lo que sólo pertenece a Dios (Isaías 14:12-14).

El origen y desarrollo del gran conflicto entre el bien y el mal, nos habla del enfrentamiento entre dos grandes principios que caracterizan al reino de Dios y al reino de Satanás. "Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción... A la luz del Calvario, se verá que la ley del renunciamiento por amor es la ley de la vida para la tierra y el cielo;..." (DTG, p. 1).

"El propósito del Creador era que los seres humanos se respetaran y se amaran mutuamente, y que siempre manifestaran un interés puro y abnegado en el bienestar mutuo. Pero Satanás se ha propuesto interesar a los hombres en primer término en sí mismos, y éstos al ceder a su control han desarrollado un egoísmo que ha llenado al mundo de miseria y lucha, y ha indispuesto a los hombres entre sí" (CSMC, p. 28) "El egoísmo es el impulso humano más poderoso y más generalizado y debido a esto la lucha del alma entre la simpatía y la codicia constituye una prueba desigual; porque mientras el egoísmo es la pasión más fuerte, el amor y la benevolencia son con mucha frecuencia los sentimientos más débiles, y por regla general el maligno gana la victoria. Por lo tanto, al dar nuestro trabajo y nuestros dones a la causa de Dios, es peligroso dejarse controlar por los sentimientos o el impulso" (CSMC, p. 27).

En el gran conflicto se enfrenta el principio del renunciamiento por amor contra el principio de la búsqueda de interés personal. Eso explica el tono del mensaje de Cristo hacia sus seguidores.

"La abnegación es la nota tónica de las enseñanzas de Cristo. Con frecuencia se impone este concepto a los creyentes con un lenguaje que parece autoritario, porque no hay otra forma de salvar a los hombres si no se los separa de su vida de egoísmo" (CSMC, p. 29). "La prosperidad espiritual está estrechamente ligada con la liberalidad cristiana" (CSMC, p. 53). "Cuando se emplea la riqueza en la forma debida, ésta se convierte en un dorado vínculo de gratitud y afecto entre el hombre y sus semejantes, y en un fuerte lazo que une sus afectos con su Redentor" (CSMC, p. 25).

El sostenimiento de la causa de Dios

Dios no depende de los hombres para promover su causa. "Podría convertir a los ángeles en embajadores de su verdad. Habría podido revelar su voluntad por medio de su propia voz cuando proclamó la ley desde el Sinaí. Pero ha elegido emplear a los hombres para que hagan su obra a fin de cultivar en ellos el espíritu de liberalidad" (CSMC, p. 22). De esta manera ha creado un escenario en que la persona humana puede poner en práctica el principio guiador de la vida. "No tenemos ningún enemigo exterior a quien debemos temer. Nuestro gran conflicto lo tenemos con nuestro yo no consagrado... Nunca debemos olvidar que se nos ha puesto a prueba en este mundo a fin de determinar nuestra aptitud para la vida futura. No podrá entrar en el cielo ninguna persona cuyo carácter haya sido contaminado por la fea mancha del egoísmo. Por lo tanto, Dios nos prueba aquí entregándonos posesiones temporales a fin de que el uso que hagamos de ellas demuestre si se nos pueden confiar las riquezas eternas. " (CSMC, p.24). La rebelión no volverá a surgir, Dios se propone preservar la vida de quienes elijan de manera práctica y definitiva vivir conforme al principio que rige la vida en la eternidad. Es por eso que el llamado de Cristo es un llamado al sacrificio. "Junto al altar del sacrificio -el lugar designado de reunión entre Dios y el alma- recibimos de manos de Dios la antorcha celestial que escudriña el corazón y que revela la necesidad de que Cristo more en el interior" (CSMC, p. 34). "El Señor se propone que los medios confiados a nosotros se empleen en la edificación de su reino" (CSMC, p. 39). " Proporciona recursos a los hombres para que éstos, mediante sus donativos y ofrendas, mantengan su obra en progreso" (CSMC, p. 40). "Cuando se lleva a cabo esto dando al Señor lo que le pertenece en diezmos y ofrendas, se abrirá el camino para que el mundo escuche el mensaje que el Señor se propone que éste oiga" (CSMC, p. 41). "En los momentos más difíciles, antes de que esta obra termine, miles de pesos serán depositados gozosamente sobre el altar" (CSMC, p. 45). "Nuestro pueblo no debe esperar llamamientos, sino que ha de emprender la obra y convertir en posibilidades aquello que parezca imposible" (CSMC, p. 48). "Dios mismo ha establecido los planes para el adelantamiento de su causa, y ha provisto a su pueblo con un exceso de recursos para que responda favorablemente cuando se le pida ayuda. Si sus hijos llevan fielmente a su tesorería los medios que se le han confiado, su obra adelantará rápidamente"(CSMC, p. 49 ).

Se advierte respecto al engaño que hay en dar por impulso y sin la profundidad de los principios. "Puede haber dado por impulso, sin que su dadivosidad tenga la profundidad de los principios. Puede haber obrado escuchando una verdad conmovedora que en ese momento afloja las cuerdas de su bolsa; pero su generosidad carece de motivos profundos. Da en forma espasmódica; su bolsa se abre sin regularidad, y se cierra herméticamente también en forma espasmódica" (CSMC, p. 217) no es ésa la forma como la obra de Dios podrá alcanzar su crecimiento continuo y pleno.

El diezmo es una expresión objetiva de nuestra dependencia y lealtad respecto a Dios como Creador, al tiempo que nuestra ofrenda es una expresión objetiva de nuestro amor y de nuestra solidaridad con Dios. El diezmo se debe utilizar para el sostenimiento del ministerio evangélico y la difusión de las buenas nuevas de salvación en Cristo. La ofrenda contempla las necesidades operativas de la iglesia local, proyectos especiales y la atención a los más necesitados.

Tanto la ofrenda como el diezmo se constituyen en una práctica que desafía al egoísmo, el principio que rige el reino de Satanás. Esta práctica cultiva en el cristiano el principio de la entrega desinteresada que es el principio que caracteriza el reino de Dios. De manera que la práctica de diezmar y ofrendar, es parte del carácter del ser cristiano. Tanto en el diezmar como en el ofrendar rige el principio de la equidad, cada uno da con regularidad según su potencial, según fue bendecido.

La operación y el crecimiento de la Iglesia están condicionados en gran medida por la manera como cada miembro experimenta su relación con Dios. Siendo Dios el Creador y Dueño de todo lo que existe y siendo la Iglesia su agencia salvadora que Él sostiene en medio de un mundo en rebelión, los recursos que la Iglesia necesita son canalizados por Dios a través de personas, que de manera permanente o esporádica, se sienten movidas a colaborar con la causa de Dios. Es evidente que la Iglesia tiene la responsabilidad de organizarse para cultivar entre los creyentes una experiencia de madurez cristiana en su forma de dar y ofrendar, de manera que sea una experiencia transformadora y no sólo un medio para recoger fondos y suplir las necesidades de la Iglesia.

Sugiero que la tarea del dirigente cristiano, como responsable de orientar a la grey, es muy clara en lo que tiene que ver con el qué y el por qué dar. Pero cuando se entra en el terreno de orientar a la Iglesia respecto del cómo, el cuándo y el cuánto, el dirigente cristiano debe confiar en la capacidad del Espíritu Santo para dirigir la respuestas de las personas y también confiar en la capacidad del Espíritu para proveer a la Iglesia para sus necesidades. Creo que hay que mantener informada a la Iglesia respecto a los planes y proyectos, creo que se deben presentar desafíos y hacer conocer las necesidades sin apelar a motivos o estrategias que contraríen el principio de la entrega desinteresada. Se deben evitar procedimientos que suplanten la obra de Dios en el corazón del creyente al poner límites de tiempo o cantidad y de formas para entregar lo que se tiene.

Dada la naturaleza heterogénea de nuestra población y sus características económicas particulares, el asunto del cómo, cuándo y cuánto es altamente complejo. La lógica y la práctica nos dicen que tenemos que disponer de un plan para promover los fondos. Allí es donde los problemas pueden comenzar, si nos detenemos a elaborar planes que van más allá de las sencillas instrucciones que ya Dios dio. Aunque Dios ha prometido que sostendrá a su Iglesia, algunos necesitamos proveerle de un plan -como quien dice- facilitar las cosas, entregar a Cetura para que Abram tenga el hijo prometido. Nuestra tarea es presentar ante la Iglesia de manera permanente los beneficios de devolver el diezmo y dar ofrendas e invitarles a que lo entreguen a la tesorería de la iglesia sea en ocasión de los cultos cuando regularmente se ofrece la oportunidad para que, quienes han traído algo, lo entreguen o que lo hagan llegar a la tesorería por otros medios según les sea más conveniente a los miembros. No es fácil esperar, sobre todo cuando se trata de esperar contra esperanza. Pero si como dirigentes de Iglesia no somos capaces de confiar que Dios proveerá, ¿cómo esperamos que el miembro a nivel personal -familiar sí confíe en Dios al momento de desprenderse de lo que tiene -o tal vez lo que no tiene- para dar? La fe que requiere el miembro para dar generosamente, es la misma fe que requiere el dirigente para esperar lo que Dios va a hacer en el corazón de los creyentes. Sin adelantarse a presionar o manipular los sentimientos del miembro y resolver la necesidad financiera de la congregación.

Una vez recogida la ofrenda y el diezmo, en la tesorería, los que administran la obra de Dios son los responsables de utilizar los recursos de acuerdo a las instrucciones dadas y a las necesidades y prioridades que la iglesia local y mundial hayan establecido. En el caso cuando una persona ha sido movida de manera particular para dar a una necesidad o proyecto particular, ella deberá así aclararlo dirigiendo su donativo (no me animo a llamarle ofrenda) por medio de instrucciones escritas precisas las cuales deberían ser respetadas.

Resumen

Racional: El amor y el egoísmo son principios antagónicos que se enfrentan en el gran conflicto que se originó en el cielo y que condujo al Salvador a venir a este mundo para salvar al hombre. El reconocimiento de la soberanía de Dios y la lucha por desarraigar el egoísmo del corazón humano son las razones reales para la mayordomía en general y la mayordomía de los bienes materiales en particular. De manera que no se trata simplemente de conseguir recursos para sustentar la economía de la Iglesia, todo esto es un medio hacia un fin superior. Aquí se destaca que la norma:" buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas" no solo se aplica a la experiencia individual o familiar sino a la vida corporativa de la Iglesia.

De la motivación: La lealtad a Dios y el reconocimiento de su soberanía se concreta en el acto de devolver la décima parte de los bienes como diezmo para el Señor. El amor a Dios y la gratitud por todos sus beneficios se hace objetivo en las ofrendas que la persona entrega a la Iglesia y en los actos voluntarios de generosidad. De manera que una lealtad y amor permanente se evidencia y se cultiva por una dadivosidad sistemática y permanente. Las contribuciones espasmódicas, forzadas o manipuladas no corresponden plenamente a un concepto religioso bíblico sino a modelos promocionales y publicitarios propios del ámbito secular. La sistematización de la dadivosidad no cierra la puerta para actos de generosidad o dadivosidad extraordinarios que según las circunstancias y la dirección del Espíritu se requiera del creyente.

De la forma de recoger los recursos de la Iglesia: El plan de que cada creyente practique tanto la devolución del diezmo, como la entrega de un porcentaje de sus ingresos como ofrenda, corresponde a un modelo que promueve la sistematización en la forma de dar. La propuesta de la Iglesia de distribuir las ofrendas de los creyentes en 20% para proyectos internacionales, 20% para proyectos nacionales y 60 % para las necesidades en la congregación local es un modelo que promueva la sistematización en la forma de distribuir los recursos. Es probable que la sistematización en la forma de distribuir los recursos no sea una práctica indispensable, pero sí la sistematización en darlos. Y aunque existen otras formas de recoger los recursos deberíamos considerar la conveniencia de no alejarnos del modelo que promueve la generosidad del creyente, sin contrariar el concepto de dadivosidad voluntaria y sistemática. La forma bíblica disponible al líder cristiano para  incrementar los recursos de la Iglesia consiste en:

Lo primero está de nuestra parte promoverlo y practicarlo, lo segundo está en manos del Señor, quien nunca ha abandonado a su pueblo.


Referencias:
DTG   Elena G. de White. (1955). El deseado de todas las gentes. Mountain View, CA:Publicaciones Interamericanas.
CSMC Elena G. de White.(1970). Consejos sobre mayordomía cristiana. Mountain View, CA: Publicaciones Interamericanas.
 

Montemorelos, Setiembre de 1999