Por Tevni Grajales
Julio de 1998
Jesús lloró al contemplar la ciudad de Jerusalén desde el Monte de las Olivas Lucas 19: 41-44
El texto de meditación de esta ocasión se encuentra en el evangelio de Lucas. Fue escrito con el propósito expreso de relatar la historia de la vida de Jesús de una manera significativa para los gentiles, es decir para el género humano en general. El capítulo 19 describe el viaje de Jesús hacia Jerusalén donde se cumplirían todas las cosas escritas por los profetas respecto al Hijo del Hombre (Lucas 18:31).
Elena de White se refiere a la última etapa de ese viaje en las siguientes palabras registradas en su libro Deseado de Todas las Gentes (DTG).
El contexto de este incidente
"Cuando la procesión
llegó a la cresta de la colina y estaba por descender a la ciudad,
Jesús se detuvo, y con él toda la multitud. Delante de él
yacía Jerusalén en su gloria, bañada por la luz del
sol poniente. El templo atraía todas las miradas. Al destacarse
entre todo con majestuosa grandeza, parecía señalar hacia
el cielo como si indicara al pueblo quién era el único Dios
verdadero y viviente". (DTG, 527:2).
"Desde la colina en que
andaban Jesús y sus seguidores, el templo ofrecía la apariencia
de una maciza estructura de nieve, con pináculos de oro" (DTG 528:
0).
"Jesús contempla
la escena y la vasta muchedumbre acalla sus gritos, encantada por la repentina
visión de belleza. Todas las miradas se dirigen al Salvador, esperando
ver en su rostro la admiración que sentían. Pero en vez de
esto, observan una nube de tristeza. Se sorprenden y chasquean al ver sus
ojos llenos de lágrimas, y su cuerpo estremeciéndose de la
cabeza a los pies como un árbol ante la tempestad, mientras sus
temblorosos labios prorrumpen en gemidos de angustia, como nacidos de las
profundidades de un corazón quebrantado" (DTG 528:1)
.
Hay muchas razones por las
cuales una persona puede llorar. Y de hecho los poetas han identificado
nuestro mundo como un valle de lágrimas. Lloran los niños,
lloran las mujeres y lloran los hombres. En algunas culturas no es muy
común ver llorar a un varón. Pues hay quienes sostienen que
los hombres nunca lloran. Pero lo cierto es que en los últimos días
hemos visto llorar a muchos. Hombres y mujeres. Los hemos visto llorar
la derrota o el fracaso de su equipo favorito en el campeonato mundial
de fútbol. Destacadas
personalidades del deporte como Tafarel, Chilavert, Zamorano,Salas y muchos
más han dejado correr sus lágrimas ante las cámaras
de la televisión mundial, durante los partidos del Mundial de Fútbol
en Francia. ¿Y qué decir de las lágrimas de La Puente
director técnico de México al final del último partido
jugado por su selección en ese campeonato? Son
las lágrimas de personas que lucharon por un premio, que cultivaron
un sueño e hicieron todo lo que estuvo a su alcance para lograrlo
y en la medida como mejor lucharon y más cerca estuvieron de hacerlo
una realidad, mayor fue su tristeza y más profuso su llanto.
El texto bíblico
de esta noche nos habla de un hombre llamado Jesús quien también
cultivó un sueño, el de salvar a toda una nación,
pero que a pesar de haber hecho todo lo que debía y podía
hacer, las cosas no salieron como deseaba. La
causa del lloro de Jesús "Era
la visión de Jerusalén la que traspasaba el corazón
de Jesús: Jerusalén, que había rechazado al Hijo de
Dios y desdeñado su amor, que rehusaba ser convencida por sus poderosos
milagros y que estaba por quitarle la vida. El vio lo que era ella bajo
la culpabilidad de haber rechazado a su Redentor, y lo que hubiera podido
ser si hubiese aceptado a Aquél que era el único que podía
curar su herida. Habia venido a salvarla; ¿Cómo podia abandonarla?"
(DTG, 529: 0)
"...podría haberse
destacado en la gloria de la prosperidad, como reina de los reinos, libre
en la fuerza del poder dado por su Dios. No habría habido soldados
armados a sus puertas, ni banderas romanas flameando en sus muros. El glorioso
destino que podría haber exaltado a Jerusalén, si hubiese
aceptado a su Redentor se presentó ante el Hijo de Dios.
"Jesús conocía la terrible retribución que caería sobre la ciudad condenada. Vio a Jerusalén cercada de ejércitos, a sus sitiados habitantes arrastrados al hambre y muerte, a las madres alimentándose con los cuerpos muertos de sus propios hijos, y a los padres e hijos arrebatándose unos a otros el último bocado; vio los afectos naturales destruidos por las angustias desgarradoras del hambre. Vio que la testarudez de los judíos, evidenciada por el rechazamiento de la salvación que él les ofrecía, los inducirían también a rehusar someterse a los ejércitos invasores. Contempló el Calvario, sobre el cual él había de ser levantado, cuajado de cruces como un bosque de árboles. Vio a sus desventurados habitantes sufriendo torturas sobre el potro y crucificados, los hermosos palacios destruidos, el templo en ruinas, y de sus macizas murallas ni una piedra sobre otra, mientras la ciudad era arada como un campo. Bien podía el Salvador llorar de agonía con esa espantosa escena a la vista.
Jerusalén había sido la hija de su cuidado, y como un padre tierno se lamenta sobre un hijo descarriado, así Jesús lloró sobre la ciudad amada...Un alma es de tanto valor que, en comparación con ella, los mundos se reducen a la insignificancia; pero ahí estaba por perderse una nación entera. Cuando el sol ya en su ocaso desapareciera de la vista, el día de gracia de Jerusalén habría terminado" (DTG 530:2-531: 0).
(Tiempo corto para el que pierde y largo para el que gana).
Por qué se generó esta situación
Lecciones prácticas
Los jugadores de cada equipo de fútbol que ha tenido que regresar a su lugar de origen descalificado de la competencia, pueden hacer evaluaciones de sus actos y de sus decisiones. Algunos reconocerán que fueron artífices de los resultados obtenidos, algunos con errores que pudieron evitarse, otros reconocerán que aunque hicieron todo lo que podían, el oponente fue mejor o tuvo mejor fortuna. Tal vez todos al final tendrán que reconocer que no se pudo porque no se podía.
Pero en el gran juego de la vida, el fracaso o el triunfo no está determinado ni por la suerte, ni por el destino, tampoco estamos enfrentados a una lucha en la que el triunfo no sea posible. Sí es posible. El que fracasa en su salvación, fracasa porque así lo escogió y no porque no podía salvarse. La lágrimas de Jesús ante Jerusalén son las lágrimas de un triunfador que no puede compartir su triunfo con aquellos que lo rechazan. Aunque es un poderoso salvador, no puede salvar a quienes no quieren.
El asunto podría describirse como una de las jugadas del balompié. Es como quien tira un penal... al final del juego... tiene que hacer su parte (patear la pelota y meterla en la portería) y debe decidir en qué dirección tirar... del tirador depende la dirección de la pelota.. en ese momento el tirador recuerda las instrucciones de su entrenador quien le ha dicho lo que debe hacer pero tiene la libertad de hacer lo que mejor quiera.
En nuestra experiencia espiritual, no estamos solos. El Espíritu nos asiste si nosotros se lo permitimos. Pero inevitablemente, tenemos que ejercer nuestra voluntad. La mejor forma de hacerlo es sometiéndola a la voluntad de Dios aceptando las instrucciones que Él nos ha dejado en su Palabra. La decisión es nuestra. ¿Hemos de hacer nuestra voluntad? ¿O aceptaremos la voluntad de Dios en lugar de la nuestra? La entrega del yo, es la sustancia del desafío. De manera que la invitación sigue en pie: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame" (Mateo 16:24) Dice Jesús hoy. ¿Lo seguirás tú?
Jesús nuestro Señor es un gran triunfador. Ha ganado el derecho de llevar consigo a todos los que lo acepten como su Señor y Salvador. En el día final, una gran victoria será celebrada. Cánticos de gozo y de alabanza serán entonados. Él desea que cada uno de nosotros elija estar allí.